La leyenda de Bloody Mary

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La historia de la leyenda de Bloody Mary se desarrolla a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, en un pequeño pueblo de América. En ese momento, la medicina aún no estaba muy desarrollada, y todavía había muchas epidemias mortales, como la viruela y la peste.

La leyenda de Bloody Mary

El comienzo de la historia de terror de Bloody Mary

Mary, una niña de unos 16 años, vivía con su madre, lavandera y con su padre, un médico. En un momento, Mary se enfermó de difteria (enfermedad mortal para la época) y entró en coma. La enfermedad era contagiosa, y el padre médico hizo que todos creyeran que no habría esperanza para su hija y la enterró él mismo.

La madre, sin embargo, era una mujer de fe, que no podía aceptar el hecho y todavía creía que había posibilidades de supervivencia de los enfermos. Por tanto, antes de enterrarla le ataron una cuerda a la muñeca que sobresalía del ataúd, conectado a una pequeña campana colgando de un palo de hierro. Entonces, si la niña se había despertado, la campana habría sonado.

Desde la casa de los padres el sonido no era audible y María, la madre, se ofreció a pasar la noche en el cementerio para ver la campana, pero su marido le dio una pastilla para dormir y se llevó a la madre en la casa, porque sabía que, incluso si la hija se despertaba, ella moriría de asfixia.

Al día siguiente, los dos se dirigieron al cementerio donde habían enterrado a su hija, Bloody Mary, y se sorprendieron de que la campana hubiera caído. Entonces comenzaron a cavar.

Cuando abrieron la tumba, era de horror lo que quedaba de la niña había muerto sin lugar a dudas, el vestido, la cara y el resto del cuerpo estaban manchadas de sangre, y sus manos se habían vuelto irreconocibles: con dedos libres de uñas clavados en la tapa del ataúd, rodeados de vetas de sangre.

Los dos comprendieron inmediatamente que la hija, desesperada, había tratado de cavar en la tumba… y murió después de una larga agonía, Bloody Mary, en odio hacia su padre.

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